Pensar que todo comenzó por una serie animada
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Cuando conocí a mi amigo Eduardo, nunca supe que tenía una fascinación por los dibujos japoneses, más conocidos como animes. Sin embargo, con el correr de los días, me fui dando cuenta de ese interés que tenía por estas series. En sí, hablaba de ellas durante casi todo el día y cuando fui a su casa, más precisamente en su cuarto, pude comprender la pasión que le producían estos dibujos. Las paredes llenas de posters de los principales personajes, muñequitos, almohadas y cubrecamas con los rostros de estos. Al ver eso, me entró un poco de nostalgia de la época en que veía los dibujos.
Bueno, a Eduardo lo conocí por intermedio de su hermano, un amigo de la universidad. Y si me pongo a pensar en la edad que le llevo, mejor sería mencionar tan solo que él tiene recién diecinueve años. Dejando de lado este aspecto de las edades, recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que me mostró toda la colección de videos que tenía. Eran una barbaridad. Pero con la tranquilidad que lo caracteriza me los fue mostrando uno a uno y yo complacido ante tal esfuerzo, los empecé a mirar con detenimiento. En medio de una de las series que más le gustaban, le comenté si alguna vez había tenido algún acercamiento con el idioma japonés. Tan solo me comentó que sabía algunas palabras por las traducciones de los videos y también porque había revisado en un diccionario que le prestó su papá. En Internet, encontró algo pero no lo suficiente como para decir que conocía las nociones elementales del japonés. Tras su respuesta, le dije que sería buena idea que se matriculara en un centro de idiomas especializado en la enseñanza de la lengua japonesa. Cuando le dije eso, su rostro cambió e hizo un gesto de sorpresa. Es decir, como si nunca hubiera pensado en esa posibilidad. Es más, el tiempo que tenía le iba a alcanzar y todavía le iba a sobrar. Todavía no trabajaba, tan solo estudiaba en la universidad. Por este motivo, después de unos cuantos minutos de charla sobre este tema, decidió averiguar todos los requisitos para estudiar el japonés.
Los días transcurrieron y no supe más noticias de Eduardo. A lo largo de ese tiempo, perdí el contacto porque tuve que hacer varias cosas en el trabajo y no me quedaba tiempo para hacer nada. No obstante, después de tres semanas de haber estado en su cuarto conversando con él, me lo volví a encontrar. Esta vez fue junto a su hermano Miguel, en la cafetería de la universidad en donde estudia éste. Allí me contó todo lo que le había pasado en esos días y especialmente el hecho que ya había empezado a estudiar el japonés. Averiguó todas las opciones y beneficios que podía encontrar en los diversos institutos que enseñaban esta lengua, para de esta forma no equivocarse en su elección. Al cabo de ese tiempo, encontró uno que le satisfizo en todos los aspectos y procedió a matricularse. Ya va dos semanas de clases allí, y según lo que me cuenta, y por el tono de su voz, se le nota muy entusiasmado. Es más, me mostró uno de los libros que tenía como pauta para estudiar este idioma. Además, me comentó que el trabajo es muy arduo pero a la vez ameno y divertido. La relación con sus compañeros y con su profesor es muy buena y poco a poco se va afianzando cada vez más. Ya aprendió a elaborar algunas frases pequeñas y su vocabulario ya aumentó. Aún le falta, claro está, aprender mucho más de las estructuras lingüísticas del japonés y sobretodo, poder charlar de forma fluida con alguna persona oriunda de Japón. De pronto, los minutos transcurrieron y los tres teníamos cosas que hacer. Por eso, nos despedimos y Eduardo prometió mantenerme informado de sus progresos. Yo le dije que sí y que pronto lo iría a visitar a su casa. De esa forma, concluyó la charla y cada uno se marchó a paso lento.
Ahora, ya con más tranquilidad, me pongo a pensar en la relación que se tuvo que dar, para que Eduardo haya empezado a estudiar el japonés. Todo partió de las series que veía. Si esta historia se repitiera en las demás personas que siempre han querido aprender un idioma, pero no se atreven o no se motivan por algún motivo en particular, otra sería la historia.
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